Muchos
haciendo conteos y tratando de dilucidar el fenómeno en las recientes
elecciones, ponen a la clase media como el factor determinante a la hora de
brindar ganancia o pasar costos de acuerdo a la forma de gobernar.
Sin
embargo, ubicando a la clase media, esa que se define a veces como intelectual,
académica o de una forma de vida más estable, es la que una buena parte de ella
vive cómodamente, otra se encarna en trabajos del estado publico, otra parte
vive de movidas y trances obteniendo buenas utilidades y pasando desapercibida.
Otra porción posee empresas pequeñas o regulares viviendo de forma
independiente.
El
80% se caracteriza por tener un titulo universitario y en algunos casos hasta
grado de maestría. Otros vienen desde abajo labrando su prosperidad.
El
punto es que a esta clase de salvadoreños no les va ni les viene la política.
Este grupo difícilmente van a votar o a incidir en un nuevo El Salvador, a no ser que vean muy amenazados sus
intereses personales o familiares.
Viven
en casas regulares, van a menudo de compras al súper
incluyendo Price Smart, poseen de dos a tres tarjetas de crédito, se les ve
regularmente comiendo en restaurantes, el modelo de su o sus vehículos no es
menor al año 2000, salen de viaje ocasionalmente, poseen poder adquisitivo para
pagar el triple play de cualquier compañía telefónica, tienen ahorros
sustanciales en los bancos, visitan dos veces al año el Royal Decameron,
utilizan el ultimo modelo de celular que incluye a sus descendientes; en fin
media ves no les falte esto, lo que fluya dentro del país es para ellos menos
importante.
Por
supuesto que existen excepciones, de ninguna manera estamos generalizando, pero
la mayoría camina por esta descripción.
En
las extremas se encuentra los grupos minoritarios de los poderosos, llámense
estos millonarios, capitalistas, liberales, grandes empresarios, ricachones,
alta alcurnia, etc., y en la otra punta las mayorías adolecidas, marginadas,
explotadas, irrespetadas, sin representación ni inclusión pero que con muchas
ganas, son ayer, hoy y siempre la vitalidad productiva de nuestro país.
A
estos tres grupos debemos de incluir a los de afuera, aquellos hermanos en el
exterior que dinamizan la economía y a la cual el gobierno del El Salvador, los
utiliza para maquillar prosperidad y agilizar la oferta y la demanda. A ellos
les cobran por enviar dinero vía comisión o recargo. A ellos las
transnacionales constantemente les envían anzuelos de malgasto como las
recargas telefónicas, la mala inversión en la adquisición de viviendas mal
hechas, el gasto innecesario, etc.
El
punto de este artículo es llegar al estado de conciencia de cada grupo. Las
elites capitalistas carecen de sensibilidad. La clase media es dañina porque
nunca actúa para diferenciar la ética, lo moral y lo espiritual de las
atrocidades con que deben de convivir los de abajo. Los salvadoreños en el exterior,
consideran que tener vehículo, comodidades entre otras pequeñas
cosas, es el fin del ser humano y que por regla se debe de cumplir
el sueño americano, canadiense, australiano, sueco, etc.
Cada
clase social vive inmersa en sus responsabilidades de trabajo, en la iglesia,
familiar, en la diversión y cada día que pasa El Salvador se convierte en un
país con mayor decadencia en donde quienes adquieren de forma inescrupulosa
cierto poder, lo utilizan para desgranar la mazorca que debería de ser para
todos.
Mientras
que una buena mayoría se fanatiza por el futbol, otros u otras se gastan el
dinero en las modas. Otros llenan los restaurantes en donde los baldes de
cerveza y de licor amplían sus deudas y envenenan sus cuerpos, rompiendo mas la
integración familiar y disminuyendo el poder adquisitivo.
Será
esto la definición que como ciudadanos debemos de subrayar en nuestro diario
vivir? De ninguna manera!
Los
poderes mediáticos, capitalistas y monopólicos, incluyendo a los políticos
conocen a la perfección este comportamiento casi generalizado y por ellos se
encaraman a tal grado que ni sentimos que ya nos pusieron montura. Para cuando
reaccionemos ya estaremos bien domesticados aceptando cualquier tipo de cosas y
gimiendo por ese estado de calamidades.
Así
nos privatizaron, nos dolarizaron, nos embaucaron con ideologías de izquierda y
derecha, polarizando como si eres del Real Madrid o del Barcelona. Principios
hermanos salvadoreños son los que se han deteriorado y que se van perdiendo en
el tiempo a tal grado que en pleno siglo 21, Sodoma Y Gomorra volverá a
resurgir.
Las
iglesias parecen llenas y han proliferado pero hasta eso se ha tornado en un
buen negocio. Los oradores vociferan lo que a las gentes les gusta escuchar. La
adoración hoy es un show y escasamente existe la intimidad personal con Dios.
Muchos centros que dicen ser espirituales poseen los mejores equipos de sonido
y musicales para crear una sensación de euforia colectiva.
En
donde esta el estado de conciencia de todos nosotros? En donde se ubica hoy en
día la reflexión? En donde se encuentra ese espacio de la meditación que le
permite a nuestra conciencia y a nuestro espíritu confrontarnos?
No
hay tiempo, todo va en detrimento de volvernos anatemas en fechas
históricamente llenas de espiritualidad. Semana Santa, la navidad son fechas de
borracheras y glotonería y en pensar en nosotros mismos. Pero si este articulo
en alguna manera te ha tocado, deseamos que en los días que restan en estas
vacaciones, busques el espacio para estar a solas con Dios y solicitarle
sabiduría, sensibilidad, conciencia, perdón, amor por los demás y adquirir un
compromiso y responsabilidad como hijo, como padre, como madre, como ciudadano,
como prójimo, pero bajo un estado de conciencia espiritual y no ideológico.
Mario Burgos. Colaborador de Radio Cadena Mi gente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario en la entrada